Entremeses cervantes II

El Juez de los divorcios.
Por la Audiencia del juez de los divorcios van pasando distintos matrimonios  para dirimir sus diferencias y verse, finalmente, divorciados. Mariana y su viejo marido; doña Guiomar y su marido soldado; un cirujano y su mujer Aldonza de Minjaca y un ganapán, algo bebido. Cada uno irá exponiendo sus problemas de convivencia y el juez a los suyo: recaudar las tasas que se tienen que pagar, recomendando a todos que “en los problemas de amor, más vale el peor concierto que no el divorcio mejor”

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Descripción

La guarda cuidadosa.
Un soldado y un sacristán se disputan los favores de una joven fregona. El soldado, viejo y roto, le guarda la calle a la criada para espantarle a todos los pretendientes inoportunos. Por allí pasará un lamparilla pidiendo para la lámpara de aceite, un mozo vendiendo pasamanería, un zapatero que viene a traer unos chapines para la joven… A todos los espanta. Aparece el amo de casa con quien también se dispone a reñir el soldado porque no lo deja entrar. Llega el sacristán decidido a pasar a la casa, lo que provoca que los tres se enzarcen… Al final, y con la intervención de la señora, la moza decidirá irse con el sacristán como partido más seguro.

La cueva de Salamanca.
Leonarda y Cristina, señora y criada, despiden al señor de la casa (Pancracio) ya que éste se marcha a la boda de su hermana y estará cinco días fuera de casa. Aprovechando la ausencia del marido, invitan esos días a sus amantes, el sacristán y el barbero, a pasarlos en casa comiendo, bebiendo y solazándose. Antes que lleguen éstos, entra en la  casa un estudiante pidiendo albergue. La señora pone reparos pero la criada la convence de tenerlo en casa, porque así les ayudará en las tareas mientras ella disfruta con sus amantes.
Tras una pequeña trifulca, al ver los amantes la presencia del estudiante, se deciden a iniciar la fiesta, cuando aparece a la puerta de la casa el marido que, al romperse una rueda del carro, decide volver a su casa. El estudiante toma la iniciativa y hace creer a Pancracio que él con un hechizo puede hacer aparecer demonios. Los amantes, escondidos en la carbonera se disfrazan de tales, creyendo Pancracio que son tales, teniendo lugar un final feliz.

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